El Presidente, en su reciente gira por España, manifestó que él, como Jefe de Estado, era el Jefe del Fiscal. Nadie dudó que tal aserto no correspondía a la verdad. Sin duda, cuando el Presidente hizo cursos de primaria y bachillerato en Zipaquirá, aun se enseñaba lo que se denominaba Cultura Cívica y desde entonces tiene conocimiento de la existencia e independencia de los poderes en Colombia: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, y que son independientes y autónomos cada uno de ellos. 

Que nuestro presidente posee un nivel de inteligencia superior, también es de conocimiento público, por tanto lo declarado por él en España no puede calificarse como un acto de torpeza. Tampoco una persona que a pesar de no ser titular de la ciencia del Derecho, ha pertenecido durante varios términos al Parlamento, sin lugar a dudas tiene pleno conocimiento de cómo está constituido constitucionalmente el estado en Colombia. Por tanto, en este episodio tampoco cabe tildar al Presidente de ignorante.

Entonces cual es la razón para que el Presidente haya dicho públicamente en España tamaña insensata declaración? Solo él es quien sabe por qué lo hizo. Pero poniendo un poco de malicia, podría uno imaginarse que tuvo como propósito sacar de sus cabales al señor Fiscal de Colombia, o en términos vulgares “sacarle la piedra” al Fiscal. Y no cabe duda de que lo legró plenamente.

Con cual fin? No necesariamente para mostrar autoridad, sino tal vez para solicitar que el Fiscal prestara atención, con la prioridad, que a juicio del Presidente se debía dar, al esclarecimientos de varios crímenes que han permanecido largos periodos injustificados sin haber sido resueltos.

Pero si la forma utilizada por el Presidente para obtener atención del Fiscal fue insensata, la reacción del Fiscal superó toda insensatez, falta de estilo y de buenas maneras. No de conocimiento del derecho constitucional. Responder con ira lo hizo perder la objetividad y caer en errores tales como haber manifestado que al señor Petro lo nombraron Presidente, no Dictador. No puede ser que el fiscal crea que al Presidente lo nombran, cuando al presidente lo eligen. Y tampoco que a los dictadores los nombran, cuando la verdad es que se toman el poder a la fuerza, aplicando alternativas o triquiñuelas para lograrlo.

Pero no solo el Fiscal mordió el anzuelo, hábilmente lanzado por el Presidente. Todos los exfiscales se deleitaron atendiendo entrevistas para mostrar, sin necesidad, sus profundos conocimientos jurídicos y constitucionales, para no solo desmentir al Presidente, sino para aprovechar la ocasión para otorgarle un sin número de calificativos la mayoría de ellos faltando al debido respeto que merece el primer mandatario democráticamente elegido, así no haya sido el candidato de sus preferencias.

También los más destacados profesores del derecho hicieron gala de sus conocimientos dando extensas y documentadas explicaciones sobre la equivocada declaración del Presidente e imaginando las absurdas intenciones que habría concebido el Presidente para justificar lo dicho.

El mayor escándalo sobre este infantil suceso, lo produjeron los periodistas tanto de la radio, la prensa y la TV. Todos los noticieros, durante varios días mantuvieron vivo este asunto, convirtiéndole en un noticionón, cuando la sensatez hubiera sido quitarle su importancia. Así se llegó hasta obtener que un sindicato internacional de fiscales se manifestara en improcedente respaldo al fiscal colombiano.

En su desatinada respuesta el  fiscal llegó a afirmar que su vida peligraba por culpa de la irrisoria declaración del Presidente.  Cuando el prestante abogado Barbosa decidió hacer campaña hasta obtener el cargo de fiscal, claramente debió saber que este era un cargo en extremo riesgoso. Qué puede ser más peligroso que perseguir a los más avezados criminales, hasta ser capturados y entregados a los jueces para ser juzgados y condenados?

Por esta razón el estado protege con sumo esmero, no solo a los fiscales en ejercicio, sino también y durante largo tiempo a todos los exfiscales. Aun así, asesinaron a Robert Kennedy  tan bien custodiado, o al fiscal Marcelo Pecci en las playas colombianas, tan lejanas de Paraguay y a muchos otros. Es claro que a los fiscales no los matan los presidentes; los asesinan los criminales.

De esta manera incomprensible, los juristas, periodistas y exfiscales convirtieron una gota de agua en una inundación, que aún no ha drenado completamente. Queda por tanto claro lo importante que es, analizar previamente los temas, antes de opinar.

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