Retomo el hilo de la última columna-monográfica de diciembre de 2023, titulada ¡AÑO VIEJO! https://www.blogger.com/blog/post/edit/6552531000687034993/2634824820448264934 alusiva al insultante, punitivo legado de impunidad, moralmente devastador, al prescribir la acción penal; jactancioso, envenenado, fútil regalo del que hace gala el apátrida, asquiento, atolondrado, camaleónico, descastado, desnortado, despreciable, presumido narciso que degradó como Fiscal la moralidad pública, corrompió las instituciones, causó inmenso daño, deterioró al precario sistema judicial; leitmotiv del alharaquiento, fraguado, deplorable balance de despedida de la abominable, disparatada, Irrelevante, nociva, parcializada, patética, politizada, prevaricadora, pútrida, servil, siniestra, sombría gestión, falta de credibilidad, efectividad, independencia, neutralidad, transparencia. 

Almibarado, cínico, enfadoso, improcedente, repulsivo informe difundido por la hilarante marioneta -en su más alta expresión-, desprovista de sólidos códigos morales, que calculada, descaradamente buscó promoverse políticamente, callando selectiva, sutilmente el robusto, tenebroso prontuario -de pánico- del muy bellaco halcón -incorregible- del Ubérrimo. Cantinela con la que el digitalizado mandadero, con total desparpajo, maquilló el irreparable perjuicio irrogado a la entidad, apoyado en el analfabetismo del constreñido, depauperado, impotente, subordinado, eternamente pisoteado pueblo. 

Premunido del poder de su alta investidura, delicadas funciones, potestad sancionadora, literalmente lo utilizó -a la velocidad del rayo, la luz del odio- para denostar, perseguir judicialmente; desconocer el imperio de la ley (lawfare) en contra de los contradictores y en favor  de sus espurios, ocultos, protervos, turbios intereses y los crematísticos del aborrecible, cerrero, inescrupuloso, resbaladizo patrón del mal y sirviente (valga la redundancia), malabarista que le dio cobijo. Permisividad, infame, procaz silencio ante el cúmulo de acusaciones, denuncias contra el innombrable, costosísimos institucionalmente hablando.

Para los amigos todo, para los enemigos la ley”.

Bastó el triunfo de Petro, para que ‘Chespirito’ recordara sus funciones; pontificara sobre lo humano y divino, de lo que no le concernía. Desafiante se transformó en su verdugo; convirtió en su sparring. Con malévolo encono desató -sin pausa ni medida- una alevosa, áspera, histérica, irracional, perniciosa, temeraria, traicionera, vituperable campaña de ninguneo, judicialización de los suyos, deslegitimación; de irrespeto -incompatible con la majestad, dignidad del cargo, tarea estimulada -tras bambalinas- por el connivente eslabón de la mafia que abudineó al país.  

Ceniciento desgobierno en que el caradura pelechó, estructuralmente; sustituyó la función misional; urdió el demencial, descontrolado, desmesurado, jocoso anhelo presidencial. Locura que para satisfacción de los colombianos -cuya resistencia como la del Gobierno tiene un límite- en quince eternos días, finiquita, cumpliéndose la vernácula expresión: “No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista”.

Final que cubre a esa inmodesta -en su máxima expresión- Blancanieves que mudó la trillada pregunta al espejo mágico: ¿Quién es el más bello de ‘Polombia’?, por esta: Espejito, espejito, dime ¿quién es el mejor fiscal de la historia de todos los planetas de la vía láctea? Perversa, encubridora sabandija -venida a más- dispuesta a venderle el alma al diablo, tras la susodicha candidatura. Apocalíptica, insidiosa ’piltrafa humana’ -para el olvido- que dentro del nada retoma -repito- la condición de ‘ilustre’ desconocido.

Negro, negrísimo parigual del embustero Iván Duque que, sin el menor pudor, recato “encumbró” a Fiscal a su ‘jumento’, a semejanza de Calígula que “elevó” a cónsul a ‘Incitatus’ -su caballo-, burro visto por Colombia con creciente fastidio, fundado recelo que, cual escupitajo será expectorado, merecidamente hacia las tinieblas exteriores, el olvido por la  puerta trasera del desinstitucionalizado, deshonrado ente investigador. 

Humillante repudio debido al alevoso, sesgado comportamiento. Bicho regido -como dogma- por la hipocresía, como arma favorita, táctica: la celada, llevadas al extremo de la paranoia, adobadas por la falta de ecuanimidad, desencadenantes de los permanentes choque de trenes, enfrentamientos, pataletas con el Gobierno, que descuadernaron la Fiscalía, trocaron en auténtica Torre de Babel.

Triunfo electoral que descolocó a los ayayeros, corifeos y furibismo, despertó en el ambicioso, desbocado, descalificado, disparatado, taimado arribista el despropósito de cubiletear política, delictualmente desde la altísima posición -sin cortapisas, control, freno alguno-, la enajenada aspiración presidencial, para lo cual, el muy bellaco se transfiguró en la mitológica hidra que, eclipsó las buenas formas, civilizadas maneras, para enfrentarse, desquiciadamente, suelto de huesos  al presidente Petro, desmadre que enrareció el espectro político del país.  

Saltimbanqui muy “capaz de encenderlo, con tal de reinar sobre sus cenizas”. Cita entresacada de la obra maestra de la filosofía militar China, ‘El Arte de la Guerra’,  de Sun Tzu que bien pudiera hacer mía,  instructiva del cómo aplicar el conocimiento de la naturaleza humana en momentos de confrontación. ‘Leyenda Negra’ en comento que solo inspira desprecio, lástima, que me propongo -como asepsia, exorcismo- rastrear. CONTINÚA 

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