
Cuentan que en la edad media, cuando los monjes Cartujos se encontraban en los corredores de su monasterio, uno de ellos saludaba: Hermano de morir tenemos y el otro le contestaba: pero el cómo y el cuándo no lo sabemos. Qué palabras tan sabias, cómo íbamos a imaginarnos hace unos meses que la humanidad sería víctima de una pandemia que hoy se ha llevado a millones de personas, entre
ellas a Julio Roberto Gómez, nuestro presidente y amigo.
Conocí a Julio Roberto en el 2005, cuando le pedí para incluir en mi libro El sindicalismo en Colombia – Una historia para resurgir, un escrito en el que diera su diagnóstico sobre la situación del sindicalismo en nuestro país. En un breve pero contundente documento hizo un análisis tan profundo que hoy sigue
vigente como entonces. Reiteraba su propósito de luchar para que los trabajadores se constituyeran en el segmento más importante de la sociedad civil organizada, en la perspectiva de construir un nuevo modelo de sociedad.
Posteriormente nos encontramos en varios paros nacionales y actividades y luego cuando como miembro de las juntas directivas de la CDP y ANPPE, nos afiliamos a la CGT y a la ADS. Entonces lo empecé a admirar porque siempre fue el mismo dirigente, ponderado, sencillo, amable, conciliador. También tuve la fortuna de asistir con él y con la compañera Miryam Luz Triana como invitados a la Firma del Acuerdo de Paz con las FARC en Cartagena. Recuerdo su emoción y compromiso con la tan añorada paz.
Julio Roberto Gómez fue un verdadero líder, nos enseñó a confiar en las personas, a trabajar en equipo, a creer en el otro y lo más importante a que nunca perdiéramos la esperanza.
Su vida siempre estuvo al servicio de los trabajadores, de los desposeídos, de los desempleados, de los pensionados. Y cuando a las organizaciones de pensionados no se nos daba un lugar ni se nos tenía en cuenta como interlocutores válidos, él nos dio el lugar que nos corresponde. Primero nos apoyó para constituirnos en una confederación, luego nos llevó al seno de la CGT y de la ADS. Gracias a su tesón e iniciativa logró que hiciéramos parte de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, creada en el Artículo 56 de la Constitución Política de Colombia. De igual forma nos invitó a
hacer parte del Comando Nacional Unitario.
Particularmente, cuando requerimos de su apoyo para denunciar al gobierno ante la OIT y la Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH, contamos con su irrestricta asesoría y solidaridad. Siempre que lo invitamos a nuestras Juntas Directivas para darle a conocer nuestras inquietudes, asistió diligente y puntual.
Gracias Julio Roberto Gómez por existir, por darnos alas para soñar y por haber dedicado su vida a servir, amar, educar y trascender.










