“La ética pública y la privada son distintas” se dice y de ahí se infiere que la pública es la de mostrar (“puertas para afuera”) y debe ser fundamentalmente restrictiva, pues se ocupa de aquello que nos afecta a todos, mientras que la privada, es íntima (“puertas para adentro”) propia del ámbito de lo individual y puede ser lo  “mangui-ancha” y permisiva que uno quiera. Este dicho, disfrazado de axioma es, ni más ni menos, la fuente de la doble moral.

Un ejemplo de esta perversión es la complacencia con la que se suele percibir entre nosotros la acumulación de fortunas inmensas en el sector privado; y con los sueldos fabulosos de los ejecutivos, asesores y consultores al servicio de las grandes corporaciones o sus conspicuos dueños. Pero, “la opinión” no repudia indignada los “mega-sueldos” de esos altos funcionarios privados, pero en cambio, está pendiente de lo que se paga a los altos dignatarios del Estado que devengan sumas tres o cuatro veces inferiores a los de los ejecutivos privados no obligados a responder por inhabilidades ni incompatibilidades, ni a rendir cuentas a los ciudadanos.

Se argumenta que los sueldos de las empresas privadas no los paga la gente, mientras que los estipendios de los funcionarios del Estado, los pagamos todos… ¿Sí? ¡Mamola! diría Gaitán: Lo hacemos vía las tarifas de servicios o de los precios de bienes esenciales y artículos de consumo habitual. Cada centavo de los multimillonarios ingresos de nuestros sacrificados y patrióticos “cacaos”, ha salido del bolsillo de los ciudadanos.

De otro lado, estos magnates, vía exenciones y subsidios escandalosos, no pagan los impuestos que debieran. No se debe olvidar que los prohombres del giga-empresariado practican mejor que nadie la “verdad a medias” que examinamos aquí.

Mejor es recordar lo dicho por Miguel Suazo, Director General de Ética e Integridad Gubernamental en República Dominicana: “Solo existe una ética, no hay más, no hay una pública y una privada. El deber moral es el mismo, lo que se diferencia no son las éticas sino los escenarios”.

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