El tiempo se pasa volando, como decía un piloto. El próximo 7 de septiembre cumple su primer mes el gobierno de Gustavo Petro. Qué hace que lo vimos pedir la espada de Bolívar, en su primera orden como gobernante. Y que vimos a Roy Barreras, mano derecha del Presidente de izquierda, echarse uno de los discursos más emotivos de los últimos tiempos.
Me impresionó cuando, en una enumeración de tragedias nuestras de cada día, dijo: “Un miércoles cualquiera, en Pueblo Bello, un corregimiento colombiano bello, bello como tantos, se habían desaparecido medio centenar de vacas, sí, vacas. Los paramilitares decidieron que por cada vaca debía ser eliminado un ser humano. 43 campesinos aparecieron asesinados…”. Y dijo: “Venimos a recuperar lo perdido”. No las vacas, sino la paz, entre otros propósitos.
La guerra por la paz debe ser a muerte. En este tema no debe haber oposición, pues los violentos envían mensajes con sangre. Lo vimos ayer con el vil ataque a la Policía en Huila, en el que asesinaron a ocho valerosos agentes. Y las masacres no paran. Esta semana, en Cauca fueron asesinados tres jóvenes, familiares del consejero regional indígena Alfonso Díaz Nene, quien, de impotencia y dolor, regaba la madre tierra con sus lágrimas.
El Gobierno apenas se estrena, pero la seguridad clama más acción. Las invasiones de tierra han levantado polvareda, y deben pararlas sin demora, pues ahí hay una bomba de tiempo que puede estallar en algo parecido a la tragedia de las vacas. Ojo por ojo y cacho por cacho. ¿Quién mueve a los invasores ilegales? Se necesita autoridad, pues está de por medio la propiedad privada, que es sagrada y un derecho constitucional. En todo esto, mano tendida, pero pulso muy firme.
Y a propósito, en el gobierno pasado hubo movilización social contra la reforma tributaria. Ahora el ministro del Interior invitó, precisamente en Cauca, a una movilización popular si el Congreso no aprueba la reforma. Y del otro lado se programa una movilización social para el 26 de septiembre contra todas las reformas. Cuidado. Las marchas suelen tener más colados que TransMilenio.
Yo, de la reforma tributaria solo sé que nada sé, sumercé, como dijo el pensador de Turmequé. Sé que se buscan 25 billones de pesos y que por ahora es una especie de viruela del mono, pues empresarios, inversionistas, clase media tienen miedo de que los afecte. Produce roncha, en todo caso.
Cada gobierno llega con su reforma bajo el brazo. Esta la presenta un gurú de la economía y hombre serio como don José Antonio Ocampo. El ministro escucha propuestas. Así lo debe hacer también el Congreso, pensando en los tiempos que vivimos. Hagámonos pasito, como le decía un nervioso paciente al odontólogo, agarrándolo de más abajito de la hebilla del cinturón.
Yo le pediría al doctor Ocampo que piense en no gravar las pensiones de más de 10 millones o de 5,6 si la persona tiene ingresos adicionales. ¿Cuánto? Ese es un mal principio con peor final. Expertos dicen que es inconstitucional. Es tocar el ahorro de toda una vida laboral, en la que ya le hicieron descuentos y retenciones. Muchos pensionados, además, ya sufren retenciones de líquidos. Y, ojo, les descuentan de la mesada el 12 por ciento para salud. Pero, además, las EPS no dan todos los medicamentos. Y las mesadas muchas veces no son solo para el pensionado. Un hijo no tiene trabajo y paga vivienda o arriendo, hay nietos para ayudar en gastos de estudio.
Aquí sí se puede venir otra marcha, la marcha de los bastones, donde muchos pensionados de primera línea y tercera edad podrían ‘apedrear’ el Ministerio a punta de pastillas de acetaminofén y de pantuflazo limpio. Hay más de dónde. Están los evasores, están los bienes de la mafia, mal administrados, y lo de la factura en el comercio se tiene que cumplir. Y, en todo caso, dejen que los pensionados puedan vivir “sabroso”.











