“Así está decretado” -se dice – los fondos privados de pensiones, propiedad de los bancos, se han apropiado del cuantioso ahorro pensional hecho por los ingenuos trabajadores que se afiliaron a esta opción.
El peligro para estos ahorradores se agrava si, como dice el premio nobel Stiglitz, los bancos por ser “las instituciones más poderosas entre los poderosos del planeta”, se declaran autónomos y exentos de responsabilidad en lo atinente al manejo del dinero. Alegan que los asuntos financieros son complejos y atinentes exclusivamente a los técnicos, no a los políticos y menos a los ciudadanos. Pero, por otra parte, los banqueros influyen en la elaboración de las leyes para mantenerse con las “manos libres” en el manejo del ahorro de terceros y, de paso, obtener el “mayor beneficio y poder posibles”.
El Consenso de Washington impuesto por los organismos internacionales como una religión económica, de la cual “no es posible discrepar”, estipula la necesidad de privatizar todos los sectores y empresas públicas, incluidos el manejo de las cesantías y pensiones, supuestamente para eliminar trabas a la sacrosanta iniciativa privada y el buen actuar de la inmaculada mano invisible de los mercados.
En este marco, se fraguan consensos doctrinales y políticos en favor de privilegiar la gestión privada sobre la pública. Se esgrimen las dudosas banderas de la eficiencia y la anticorrupción para promover reformas legales y sentencias judiciales para debilitar y satanizar a los, esos si, “sagrados derechos” adquiridos por los adultos mayores de retirarse con una pensión digna. Lo más repudiable es la práctica actual es desacreditar el sistema público de pensiones al envilecer la cuantía de las mesadas pensionales con reducciones, descuentos e impuestos y calificar el retorno de los ahorros del trabajador al pensionarse, como unas criticables y graciosas prebendas otorgadas por el presupuesto oficial.
Y, cuando la subsistencia del patrimonio de los pensionados en los fondos privados se deterioran porque las bolsas de valores entran en crisis, como ahora en razón de la pandemia, “los bancos son los encargados de apretar el gatillo”, para hacer el último disparo con una supuesta reforma pensional y así decretar el languidecimiento del sistema público de pensiones, tan insistentemente exaltado, como el mejor, por la Organización Internacional del Trabajo OIT











