Y, como lo estamos viendo en Estados Unidos, la democracia suele ser la primera víctima de la
demagogia, particularmente cuando al pueblo se le da a beber ese fatídico brebaje adobado
con altas dosis de dinero, tal como se vio en el asalto al Capitolio norteamericano. 
Mas, con todo y su dramatismo, el sobrecogedor episodio es apenas uno de los varios
dispuestos en el guion cuidadosamente elaborado por los creadores de la siniestra conjura. ¿El
protagonista? Él es apenas el efímero histrión, aunque representa a muchos que lo aúpan tras
bambalinas. 
Es fácil entrever el perfil de los confabulados. De un lado, los llamados wasp (whites, anglo-
saxons, protestants), la extrema derecha, el Klan y otros peligrosos fundamentalismos; y, del
otro, numerosos multimillonarios gringos que padecen de codicia legendaria e insaciable.
Entre ellos forman una inmensa marea que arrastra un número indeterminado de despistados,
muchos ingenuos, como aquellos que Marx llamara, con sorna, “idiotas útiles”.
¿Qué buscan? Sencillamente, imponer sus credos e intereses donde no prevalecen o donde los
perciben amenazados. Coléricos, medran especialmente en sociedades cada vez más resueltas
a defender y ampliar los valores democráticos, independientemente de razas, ideologías o
credos políticos, compuestas por ciudadanos cada vez menos proclives a aceptar, como parte
de su ideario, la existencia de poderes ilimitados en cualquier dimensión, incluida la
económica.
Para sus fines, la coyunda de “conspiradores” obviamente necesita de un importante número
de “funs” y, para conquistarlos, el populismo es la herramienta más eficaz, dado su alto
contenido de desinformación. Es por eso por lo que consideran indispensable controlar o
comprar un número crítico de medios de comunicación. Una vez asegurado este recurso clave,
desarrollan toda suerte de estrategias para socavar las bases de la democracia, cuidándose,
eso sí, de  guardar formas y apariencias: se preocupan de defender el voto popular pero
entraban sutilmente la participación de aquellos que resultan “inconvenientes”; proclaman ser
una nación de migrantes pero solo acogen a los “convenientes”; claman contra el tamaño y
poderes de las Cortes y el Congreso o el número, funciones y salarios de sus miembros, pero
exigen fortalecer el brazo ejecutivo y desconocen la pluralidad de poderes. 
La variante criolla de los “wasp” gringos son los “boas” (blancuzcos, oportunistas, autoritarios
y santurrones), y la variante de los billonarios gringos son nuestros “cacaos”. Pero cómo se
parecen …

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