
Además de echarle una mirada a la »CONVENCIÓN -INTERAMERICANA SOBRE LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS MAYORES», adoptada en Washington, el 15 de junio de 2015 y recién acogida por Colombia mediante la Ley 2055 de 2020, hay que vigilar atentamente su implementación pues en las sociedades contemporáneas—especialmente en las del “tercer mundo”—, la valoración de los adultos mayores suele estar repleta de conmovedoras declaraciones que rara vez se materializan en hechos.
Sin embargo, hay excepciones. Más allá de las buenas intenciones, algunos países no solo han puesto en marcha audaces políticas encaminadas a la protección de sus “viejos” sino que han descubierto que atraer los del resto del mundo genera un inmenso beneficio social y económico. Por supuesto algunos países del “viejo mundo”— Portugal y España, por ejemplo— descubrieron hace algún tiempo el inestimable valor de este inédito filón de bienestar y desarrollo. Es que los “viejos” no depredan, no contaminan, no hacen ruido, no ensucian… pero cuidan, ahorran, colaboran, generan mucho empleo y demandan intensivamente numerosos bienes y servicios.
Por estos lados, así lo entendieron Costa Rica y Panamá. En vía de ejemplo, las medidas de incentivo y protección que en el istmo han adoptado en el último par de lustros (para beneficio de todas las personas mayores de 60 años, independientemente de su nacionalidad o estatus económico), ha disparado el turismo “mayor” y la residencia de jubilados en su territorio, a tal punto que hoy la pequeña república le disputa a Portugal el primer lugar entre los destinos de “jubilados” más demandados en el mundo. No es extraño: allá los viejos virtualmente no pagan impuestos, reciben descuentos del 25% en servicios públicos y medico-asistenciales, medicinas, restaurantes, tiendas, supermercados y todo tipo de transporte, a la vez que en todas partes son bienvenidos y bien tratados.
¿Y Colombia? Sorprendentemente, algunos medios especializados en el tema como “Overseas Opportunities” coinciden en darle el puesto 5 del escalafón mundial entre los destinos más recomendados para extranjeros, con Medellín—que inteligentemente superó la leyenda mafiosa—, Cartagena y el eje cafetero encabezando el listado de los destinos más demandados. ¿Las razones? clima, costo y calidad de vida, facilidad de residencia, acogida y buenos servicios de salud.
La inseguridad jurídica y material es por supuesto el mayor “handicap”, aparte de que, paradójicamente, los jubilados colombianos se cuentan entre los más perseguidos: a todos el sistema de ajuste anual les va marchitando paulatinamente su poder adquisitivo, aparte de que por salud, de la mesada les descuentan 1/3 más que a un trabajador activo; tampoco tienen descuentos de ninguna clase. Semejante asimetría se hace aberrante estigma para los pensionados de ingresos mayores de $10 millones (aproximadamente USD $ 2.600, algo así como el equivalente de un salario mínimo en Alemania), calificados por los grandes medios y el mismo gobierno con el ultrajante adjetivo de “mega-pensiónados”… en fin.
Si el desarrollo de la ley 2055 se hace sin demagogia y de manera pronta, ecuánime y eficaz, Colombia tendrá en los “viejos” una nueva y extraordinaria oportunidad. Amanecerá y veremos.











